Siempre somos los mismos los que pagamos el pato. A los lumbreras de la oficina (no voy a poner nombres, pero ya os los imagináis) se les ocurrió montar un ciclo de actividades veraniegas; vale, hasta aquí me parece bien, genial lo de darle salida a lo que hacemos más allá de una semana al año. La pega: toca todos los viernes de julio y agosto por la noche. La putada: pretenden que los curritos nos encarguemos de supervisarlas. De hecho, pringamos dos viernes a cada uno, y al parecer esta noche comienzo yo a las once (¿quién si no?). ¿Pero a quién coño se le ocurre? ¿No servían los jueves, o los martes, o cualquier otro día laboral? Encima de que no nos dejan coger todo el mes de vacaciones en verano (yo sólo tendré una semana libre, la del Viñetas, que para mí es sagrada) por la acumulación de trabajo, ahora vamos a tener que renunciar a nuestras escapadas de fin de semana. Una intromisión en toda regla en nuestras vidas privadas. Y ya estoy viendo que va a haber hostias para repartir los turnos; todo el mundo tendrá planes a los que no querrá renunciar. Feliz verano nos aguarda.
En fin, al final esta noche de debut no fue para tanto. Había cierta incertidumbre por ser la primera vez que se coordinaba todo, pero no hubo ninguna incidencia destacable ni ningún imprevisto mayor. Hasta se podría decir que tuvimos moderado éxito de asistencia, algo con lo que de momento no contábamos. Y a mí hasta se me pasó la mala hostia por tener que currar fuera de horas y en estas circunstancias. Menos mal que en el fondo me gusta mi trabajo y consigo disfrutarlo cuando estoy metido en faena, peros aparte. No obstante, este es otro detalle más que añadir a la lista de mierda que nos echan encima y que hará que eventualmente (si esto no se va al garete por sí solo o por méritos de mi jefe) lo mande todo a freír espárragos.
En fin, al final esta noche de debut no fue para tanto. Había cierta incertidumbre por ser la primera vez que se coordinaba todo, pero no hubo ninguna incidencia destacable ni ningún imprevisto mayor. Hasta se podría decir que tuvimos moderado éxito de asistencia, algo con lo que de momento no contábamos. Y a mí hasta se me pasó la mala hostia por tener que currar fuera de horas y en estas circunstancias. Menos mal que en el fondo me gusta mi trabajo y consigo disfrutarlo cuando estoy metido en faena, peros aparte. No obstante, este es otro detalle más que añadir a la lista de mierda que nos echan encima y que hará que eventualmente (si esto no se va al garete por sí solo o por méritos de mi jefe) lo mande todo a freír espárragos.


